Las dos claves del éxito

Durante los días de descanso estival se producen buenas reflexiones.

El cambio de entorno provoca que la observación se agudice y no se pasen por alto aspectos que sí lo hacen en las rutinas de los días habituales.

Como diría un buen colaborador mío, allá donde vas todo el mundo, en la actualidad, habla de “la cosa”, refiriéndose, por supuesto, a la crisis… Aunque en vacaciones no estés tan conectado con las noticias, se torna imposible no conocer los desplomes de la prima famosa o los movimientos bursátiles.

Todo el mundo parece estar preocupadísimo por las noticias que cada día nos ofrece la televisión respecto al tema y todo el mundo anda quejándose y quejándose y, sin embargo, haciendo poco, al menos aparentemente, para que “la cosa” mejore. Personas que están instaladas en el victimismo y en la comodidad de que sean otros los que provoquen que la situación cambie. Personas con dificultad para adaptarse a los nuevos tiempos, acostumbradas a otras situaciones aparentemente más boyantes en lo económico. Personas que dicen, pero a las que les cuesta hacer.

Exito (Foto por Pedro Adán) Estas actitudes son más plausibles en lugares más pequeños, en los pueblos de nuestra geografía… En muchos de ellos, la población (es decir, de una forma más global) vive instalada en la zona de comodidad. Y desde ahí es difícil conseguir que las situaciones cambien.

Sumida en estas observaciones pensaba, sin embargo, en las personas (organizaciones o países) que tienen éxito. Y que tienen éxito con independencia de la situación que les circunde. Reflexionaba acerca de los factores comunes que hay en el éxito y alguien a mi lado apuntó hacia la suma de inteligencia y humildad.

Eureka!!!

Inteligencia conlleva aprendizaje, conocimiento, aptitud, desarrollo, crecimiento, coraje, aprender de los errores, actitud positiva ante la vida, perseverancia…

Humildad conlleva respeto, tolerancia, reconocer errores, paciencia, generosidad, empatía,  gratitud…

Efectivamente…

ÉXITO = INTELIGENCIA + HUMILDAD

Existen muchas personas de éxito aparente con gran inteligencia pero una gran falta de humildad.

Finalmente, esa falta de humildad les llevará a un “falso conocimiento” porque el aprendizaje extraído de los errores cometidos (que la falta de humildad no reconoce) es fundamental para la construcción del éxito.

Muchas de estas personas inteligentes, pero faltas de humildad, se llegan a convertir en arrogantes y prepotentes. Algo nefasto, por ejemplo, para un líder de una organización.

Una persona falta de humildad no dispone de la generosidad suficiente como para compartir el conocimiento con su entorno, con su equipo, lo que creará a un incompetente camuflado que apartará de sí a cualquier colaborador brillante para que no ponga de manifiesto su propia incompetencia.

Por otro lado, las personas humildes que no dan importancia al desarrollo de su inteligencia no podrán disponer de los recursos y habilidades adecuados para la toma de decisiones rápida y eficaz que les lleve a conseguir el éxito. O no dispondrán del coraje necesario para llevarlas a cabo. Probablemente tendrán una vida tranquila, eso sí… pero les faltará definir retos que conseguir  y, probablemente, el nivel de evolución y desarrollo será escaso.

Por tanto, la combinación perfecta es la suma de las dos. Una persona inteligente está en permanente desarrollo de su conocimiento, de sus habilidades y de sus actitudes. Incorpora en ella el conocimiento y coraje necesarios para asumir sus retos y conseguir sus objetivos. Y si se cae o se equivoca, su coraje hace que vuelve a levantarse recibiendo un aprendizaje de todo ello desde la reflexión y la aceptación de su error. Reconoce, por tanto, los errores, con la humildad necesaria para que le permitan aprender y no volver a cometerlos (al menos ese).

La humildad, por su parte, le proporciona respeto hacia los demás y tolerancia hacia las actitudes y decisiones de los otros. Paciencia para guiar al colaborador y saber esperar el momento adecuado para hacerlo. Generosidad para compartir con los demás sus conocimientos y sus experiencias. Flexibilidad para adaptarse a los cambios.

Por tanto, si a la inteligencia podemos llegar desde el aprendizaje y a la humildad desde la empatía hacia los demás y el respeto a los otros, la cuestión es definir lo que para cada uno es el éxito y ponerse en marcha en dirección a él.

No digo que sea fácil… Digo que es posible…

¡¡Feliz Semana!!

Carolina Hernández

 

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