La asertividad riñe a la gerencia…

En el desempeño diario de mi trabajo, comparto experiencias con directivos y gerentes de empresas de diversos sectores, tamaños y culturas. Mientras acompaño a las organizaciones en sus procesos de transformación, puedo observar con profundidad las actitudes de sus ejecutivos en las diferentes situaciones cotidianas.

Y hay algo que desde hace meses me llama la atención…

El liderazgo está vinculado a la asertividad

Cuando imparto cursos de liderazgo o estamos trabajando el liderazgo en un proceso de Coaching, hago mucho hincapié en la asertividad porque es la herramienta de comunicación más importante para el líder.

La asertividad te permite expresar cualquier cosa desde el equilibrio emocional; la asertividad indica una autoestima sana y en su sitio; la asertividad libera del estrés, permite desarrollar a los colaboradores, delegar; la asertividad es imprescindible para una buena negociación; es fundamental para mantener un excelente clima laboral en la organización; te permite comprender los mapas de otros, ampliar persepectivas, encontrar opciones para aportar soluciones; y te permite vivir con la coherencia entre tus pensamientos, sentimientos y actitudes.

La asertividad riñe a la gerenciaMis observaciones de los cambios de muchas personas, me permiten concluir que el desarrollo de la asertividad te acerca a la sabiduría, a la tranquilidad continuada y a la serenidad. Y esto es porque no sólo se es asertivo hacia afuera de uno mismo, sino que se comienza siendo asertivo ‘con’ uno mismo. Y sólo desde esa asertividad interior, se consigue trasladar al exterior el mismo sentimiento, la misma actitud ante las cosas.

¿Cuál es el problema entonces?

Existen dos problemas fundamentales: la resistencia psicológica al cambio y la falta de paciencia.

La resistencia psicológica al cambio es algo inherente al ser humano. Todos vivimos en una zona de comodidad de la que nos cuesta salir, incluso, aunque nos limite. Nuestro cerebro, de hecho todo nuestro cuerpo (químicamente hablando) tiende a sus hábitos inconscientes y nos pone una y otra vez en esa zona de comodidad donde no tiene que pensar, no tiene que crear nuevas rutas neuronales, diferentes conexiones sinápticas. Todo nuestro cuerpo nos devuelve una y otra vez a esa zona de comodidad, nos guste o no nos guste.

Tan sólo la voluntad férrea de llevar a cabo, una y otra vez, un plan trazado desde el plano consciente nos permitirá movernos de esa zona de comodidad hacia otro lugar elegido por nosotros. Voluntad y voluntad para forzar a la química de mi cuerpo a hacer nuevas cosas, a ir por otros caminos, a salir de esa zona de comodidad. Esto, lógicamente, no se consigue en dos días, sino en mucho más tiempo de hacer la misma cosa diferente marcada en ese plan de manera consciente.

Y aquí aparece el segundo problema. Que no damos tiempo a que el cambio se produzca porque nos falta la paciencia para ello. Vivimos en la era de la inmediatez, de las prisas, del ‘para antes de ayer’. Y cambiar un hábito requiere tiempo de cocción, como un buen guiso. Tan sólo poniendo la voluntad en el cambio y teniendo la paciencia para que se cocine dentro de nosotros, conseguiremos adiestrar nuestra asertividad, que no es otra cosa que cambiar un hábito en nuestra comunicación (interna y externa).

La asertividad riñe a la gerencia…

Y es en este punto donde muchos ejecutivos me dicen ‘Carolina, hay ocasiones en que es necesario dar un puñetazo en la mesa para que la gente reaccione’.

Y yo me pregunto… ¿Realmente es necesario para que la gente reacciones? ¿O es necesario para ti porque ya no aguantas más? ¿O es una forma de que tu cuerpo exprese su rabia porque le estás sometiendo a un cambio y está incómodo? ¿Realmente se consigue así que la gente reaccione o por el contrario que, de alguna manera, te teman?

No niego que haya momentos en los que es necesario ser especialmente riguroso. Pero esto no está reñido con dejar de ser asertivo. Dar un puñetazo en la mesa nunca es la opción. Nunca es la opción porque corta la comunicación, porque te genera tensión y estrés y porque crea barreras entre las personas.

Dar un puñetazo en la mesa corresponde al papel de un padre que regaña a su hijo, no corresponde a un líder que desarrolla a sus colaboradores.

Uno puede hacer que la gente reaccione de otras muchas maneras, lo que ocurre es que nuestros hábitos nos llevan a dar ese puñetazo en la mesa porque ya lo hemos hecho así en otras ocasiones anteriores.

La asertividad es la única opción para conseguir que los demás quieran hacer lo que yo quiero que hagan. Comprender que los demás tienen el derecho de tener sus propios hábitos (aunque les limiten) nos permitirá enfocar las situaciones de una manera diferente y buscar otras alternativas, otras opciones. Y esto sólo se consigue desde la tranquilidad interior que te aporta la asertividad.

La asertividad riñe a la gerencia, porque los ejecutivos se olvidan de ella con demasiada facilidad, porque no la desarrollan, porque no la prestan atención.

¿Qué propongo?

Propongo hacer un punto de inflexión en esas dinámicas que no potencian especialmente a la organización.

Propongo hacer un análisis de la situación y trazar un plan para provocar cambios.

Propongo tener la paciencia suficiente para que esos cambios se lleven a cabo, con una voluntad férrea para hacer, repetir o indicar las cosas una y otra vez según el plan trazado.

Mi experiencia personal me indica que es posible conseguirlo. No es fácil, sí es posible. Lo he visto con mis propios ojos.

La pregunta fundamental es… ¿Qué voluntad y paciencia estás dispuesto a aportar para que las cosas funcionen como tú quieres que funcionen?

 

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