El camino del sabio

El camino del sabio es uno de los caminos que conducen a la felicidad.

Al menos eso reflejó, mi querido Juan Planes, presidente de la Asociación Desata Tu Potencial, en uno de sus libros. Y yo lo comparto con él totalmente. Profundicemos un poco…

Si la sabiduría nos puede conducir a la felicidad… ¿qué es exactamente la sabiduría?

La sabiduría es un conocimiento profundo sobre algo que se adquiere gracias a la mezcla del estudio y la experiencia.

Es una habilidad que podemos desarrollar y consiste en la aplicación de la inteligencia a la experiencia para obtener conclusiones que nos permitan comprender mejor las cosas y determinar verdades y mentiras, así como diferenciar lo bueno de lo malo.

En definitiva, la sabiduría es una forma muy desarrollada del sentido común.

No en vano, en la filosofía helenística, el sabio era el ideal del filósofo, por alcanzar éste el conocimiento y la disciplina moral adecuada para realizar la vida buena y feliz.

El camino del Sabio

¿En qué se diferencia el conocimiento de la sabiduría?

El conocimiento es un saber muy profundo de algo, pero que puede ser utilizado, tanto para fines maléficos, como benéficos.

Daisaku Ikeda cita que “el conocimiento por sí solo no genera valor. El valor sólo es creado cuando la sabiduría encauza y orienta los conocimientos. El origen de la sabiduría se encuentra en los siguientes elementos: un propósito que oriente cada uno de los actos, un poderoso sentido de la responsabilidad y, finalmente, un deseo compasivo y solidario de contribuir al bienestar de la humanidad.”

Por tanto, la diferencia entre el conocimiento y la sabiduría radica en el matiz de que la sabiduría tiene un buen propósito.

¿Qué relación existe entre la sabiduría y la felicidad?

La sabiduría conduce a la felicidad.

¿En qué me baso para decir esto?

En que el sabio se centra en dos cosas: en el conocimiento verdadero y la atención plena. Estas dos cuestiones hacen que la persona se aleje del ego. Cuando no tienes expectativas y nada deseas de nadie, cualquier cosa que recibas es un éxito.

Por otro lado, cuando prestas atención a tus pensamientos y los controlas, no estás centrado en ti, sino en el momento presente.

La sabiduría te permite conocer con una mayor amplitud, amplía tus mapas mentales y te aporta una actitud más curiosa ante cualquier planteamiento, circunstancia o acontecimiento.

Entonces… el sabio, ¿nace o se hace?

Como tantas y tantas cosas en la vida… el sabio se hace!!

Y como tantas y tantas cosas en la vida, convertirse en un sabio es una cuestión de tiempo y práctica.

Siempre he dicho que mi padre, que murió hace casi seis años ya, para mí, murió siendo un sabio. Y siempre me quedó esta sensación porque fue una persona que supo aprender de su experiencia. Él era taxista en Madrid y, por ejemplo, aprendió inglés poniéndose cintas de casette (antes no había CDs, ni MP3…) para poder comunicarse mejor con los clientes extranjeros a los que trasladaba desde el aeropuerto a la ciudad. Cuando ya estaba jubilado le sorprendí un día en el campo (le encantaba) y le pregunté… papá, ¿qué haces? Y él, muy serenamente, me respondió que estaba observando el recorrido de unas hormigas subiendo por el tronco de un árbol, que le maravillaba su reacción cuando les ponía un obstáculo y buscaban otro camino para proseguir su marcha. Eso es atención plena. Eso es meditación. Eso es centrar toda tu atención en el aquí y el ahora. Mi padre murió y me demostró, por estas pequeñas cosas, que su sabiduría era muy grande.

Así que, si una persona como mi padre, hijo de una guerra, cuya niñez se desarrolló en una posguerra, que dejó sus estudios en primaria y murió con esa sabiduría interior, claramente, el sabio se hace.

¿Y cómo podemos convertirnos en sabios?

En primer lugar, observándonos, escuchándonos y aprendiendo en cada momento de las circunstancias que nos presenta la vida.

En segundo lugar, no esperando nada de los demás, así cada cosa recibida será un regalo. Ya lo dije en su momento… No expectativas, no frustraciones.

Y, en tercer lugar, meditando. Está demostrado que la meditación es eficaz para estimular el sistema inmunológico, rebajar el nivel de tensión arterial y equilibrar la actividad de ambos hemisferios cerebrales, el lógico y el creativo. Asimismo, la meditación mejora la capacidad de empatía, así como nuestra habilidad social, pues nos hace más sensibles a las emociones ajenas. Y parece que la practica sistemática de la meditación modifica la estructura del cerebro de forma que disminuye la tendencia a experimentar emociones negativas y dispara la actividad en el cortex prefrontal izquierdo, zona donde residen las emociones positivas.

Y tú, ¿por dónde quieres empezar a recorrer tu camino del sabio?

Escucha aquí el podcast en COPE sobre este tema (minuto 38:55).

 

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