Construir y ejecutar propósitos…

Todas las personas, sobre todo en los inicios de los años, nos hacemos propósitos, los famosos propósitos de Año Nuevo…

La mayoría de los propósitos no se llegan a cumplir, los vamos abandonando por el camino. Ir al gimnasio, dejar de fumar, aprender inglés… Comenzamos con mucha fuerza y esa fuerza se disipa poco a poco…

¿Por qué se produce esto? Pues porque no los construimos pensando en el para qué queremos conseguirlo y, por tanto, no le imprimimos la fuerza y el empuje adecuados.

Construir y ejecutar propósitos (Google Images)

¿Y cómo se pueden construir buenos propósitos?

Un buen sistema es hacernos un análisis DAFO.

El análisis DAFO es una excelente herramienta de autoconocimiento y contempla los cuatro siguientes puntos: fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades.

Las fortalezas y las debilidades corresponden al plano interno de la persona: qué me gusta o no me gusta hacer, qué necesito para ser mejor con mi familia o en mi trabajo, qué quiero aumentar en mis conocimientos o en mis destrezas, con qué disfruto y con qué no…

Las amenazas y las oportunidades corresponden al plano externo de la persona: si tengo hijos, me limitará en tiempo; si aprendo inglés, podré realizar mejores proyectos o viajar más cómodamente…

Lo que debemos hacer es:

  • Elegir el propósito que quiero cumplir, por ejemplo aprender o mejorar mi inglés.
  • Coger una hoja de papel y poner por escrito (y esto es muy importante) mis fortalezas (enumerarlas), mis debilidades (enumerarlas), las amenazas de dedicarle tiempo a aprender inglés (enumerarlas) y las oportunidades que me va a brindar el hecho de que sepa más inglés (enumerarlas).

No debemos tener miedo a enumerar las cosas que corresponden a cada área porque cuando más claro lo tenga y cuanto mejor lo vea al ponerlo por escrito, más fácil será desechar (quizá me doy cuenta de que ese propósito no me sirve para nada) o conseguir llevar a cabo mi propósito.

El análisis DAFO me va a dar como resultado una radiografía de mi momento actual y me va a servir para definir las cosas que tengo que hacer para llegar a conseguir el propósito que deseo.

Y una vez que he hecho ese análisis… ¿qué hago con toda la información?

Elaboro mi plan de acción.

Es decir, establezco los objetivos que me van a conducir a conseguir mi propósito.

En el punto de la elaboración de objetivos es donde suele ocurrir el segundo desfallecimiento para conseguir mis propósitos. ¿Por qué? Pues porque, mi experiencia, tanto en el ámbito de los procesos de Coaching, como en el ámbito del desarrollo organizacional, me indican que a las personas nos cuesta una barbaridad definir bien un objetivo.

¿Cómo tenemos que definir un objetivo?

Un objetivo se define teniendo en cuenta una serie de características que nunca debemos perder de vista.

  • En primer lugar, el objetivo ha de ser específico.
    No me va a valer un simple quiero mejorar mi inglés. Lo que sí me va a valer es quiero mejorar mi inglés para tener una conversación fluida en mis viajes. O quiero mejorar mi inglés para poder tener conversaciones fluidas profesionales.
  • En segundo lugar el objetivo tiene que ser medible a la par que alcanzable.
    Es decir, definir, en cuanto tiempo voy a conseguir mejorar mi inglés. Si me doy una semana, no lo voy a conseguir, pero si me doy seis meses o un año yendo a clase dos veces por semana, será bastante factible que lo consiga. Muchos propósitos se truncan aquí, en que no establecemos indicadores para medirlos.
  • En tercer lugar, un objetivo ha de ser realista.
    Si no sé nada de inglés, voy a necesitar más tiempo que si ya tengo una buena base.
  • En cuarto lugar, el objetivo se tiene que planificar por etapas.
    Por eso son tan importantes las características anteriores. Si yo tengo indicadores de medición, voy a poder establecer pequeños objetivos que me ayuden a conseguir el propósito inicial. Además, cada vez que voy consiguiendo esos hitos, esos pequeños objetivos, se produce una motivación dentro de mí para continuar con la consecución del propósito.
  • En quinto lugar ha de ser ecológico con el entorno.
    Es decir, si tengo hijos, tengo que tener en cuenta el tiempo que le voy a poder dedicar a conseguir mi objetivo.
  • Por último, el objetivo ha de ser retador.
    Nos tiene que hacer sentir bien pensar en su consecución y ha de tener cierta dificultad para que nos mantenga con la atención necesaria.
  • Además, siempre debemos enunciar los objetivos de manera positiva.
    No vale un no voy a volver a comer chocolate. Ha de ser, voy a mejorar mi dieta, por ejemplo.

Por tanto, específico, medible, alcanzable, realista, planificado por etapas, ecológico con el entorno, retador y enunciado positivamente son las características que debe cumplir todo objetivo.

Si observamos el resultado de, por ejemplo, las representaciones del Circo del Sol, nos daremos cuenta de que la única forma de conseguir tan bello y sincronizado resultado es producto de una buena planificación del objetivo y, después, trabajar por ello hasta conseguir el resultado deseado.

Y tú… ¿nos quieres contar tus propósitos?

About Carolina

Creo ciegamente en que la transformación personal conduce a la transformación organizacional. Creo que es posible un mundo mejor. Me encanta estar al lado de los demás cuando se convierten en la mejor versión de sí mismos. Coach experto en coaching comercial, habilidades de dirección y comunicación personal y organizacional. Soy entusiasta con el Social Media por las oportunidades que nos brinda y me uno totalmente al nuevo concepto naciente de "Human Media".

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