¿Optimista o pesimista? Algunas formas de diferenciarlo…

El mundo está repleto de ambos tipos de personas, los que ven la vida con optimismo y los que viven con mayor pesimismo. ¿Qué nos conviene más? ¿Un pesimista se puede convertir en optimista o viceversa? ¿Qué diferencia a un optimista de un pesimista? Un ejercicio de reflexión para decidir lo que más nos conviene.

¿Es mejor el optimismo o el pesimismo?

Fisiológicamente es más beneficioso el optimismo. El pesimismo envía cortisol a la sangre porque mantiene a la persona en ese estado de estrés negativo, llamado distrés. Esa sensación de agobio permanente que caracteriza al pesimismo genera pensamientos negativos, estados de ansiedad, malestar general, afecta al comportamiento y puede generar trastornos psicosomáticos.

Optimismo vs pesimismo - Google Images

El optimismo, por el contrario, potencia las emociones positivas como la alegría, la ilusión, el bienestar físico o la felicidad. Aporta endorfinas al torrente sanguíneo, lo que mejora la fisiología de la persona, su sistema inmunológico y ayuda a la resolución de problemas.

¿Y el cerebro nota la diferencia entre las actitudes optimistas y las pesimistas?

Científicos de Oxford explican, en la revista Nature Neuroscience, que las personas positivas tienen conexiones cerebrales diferentes.

Se analizaron las tomografías computerizadas y las resonancias cerebrales de personas que participaron en un proyecto sobre el conectoma humano. Unos datos de excelente calidad para analiza, encontrando que aquellos que tenían un estilo de vida positivo tenían conexiones diferentes a los que tenían actitudes negativas.

Los que se relacionaron con actitudes postivas eran personas con más memoria, satisfacción en la vida, mejor vocabulario y mayor educación. Y los que se relacionaron con actitudes negativas eran personas más airadas, que ignoraban las reglas o tenían una mala calidad de sueño.

¿Cómo podemos diferenciar si somos personas optimistas o pesimistas?

Podemos reflexionar sobre cuatro rasgos diferenciados.

1) Los optimistas consideran que tienen control sobre su vida.

Planifican su futuro, aprenden de sus errores, confían en que con sus decisiones y sus comportamientos pueden cambiar su destino. Y esa mentalidad optimista permanente refuerza las actitudes positivas. Y, si lo pensamos bien, una sensación de control sobre la propia vida es imprescindible para sentirse feliz. Por tanto, el optimismo es como una especie de ‘autopista’ hacia la felicidad.

El pesimista tiene la sensación contraria. La vida parece escaparse de su control, proyectan que sus errores se van a repetir en el tiempo, piensan que no pueden cambiar y su forma de enfrentar la vida es muy limitadora para ellos mismos.

2) Carpe diem. Los optimistas saborean el presente y esperan cosas buenas de su futuro.

Esto me hace recordar una frase que una vez escuché a Dani Rovira: ‘La vida me sonríe, pero yo siempre espero que me suelte carcajadas’. Es la mejor definición de un optimista que he escuchado en mi vida.

El optimista saborea su presente y esa actitud provoca que construyan un buen futuro. Por ello lo esperan porque son conscientes de que puede suceder así. Y consideran su pasado como un cúmulo de interesantes experiencias que les han llevado hasta el lugar en que se encuentran.

Los pesimistas relacionan su presente con lo que han logrado o no en el pasado y esto les condiciona su presente porque tienen miedo a volver a fallar. Y les impide avanzar con fluidez hacia el futuro.

3) Los optimistas confían en sí mismos y en sus posibilidades.

Y esto es porque los optimistas se centran en las cosas que sí dependen de ellos. Desarrollan las habilidades o encuentran los recursos que necesitan para conseguir sus objetivos.

El pesimista se suele dejar llevar por la vida y estar a expensas de lo que la vida escoge para él. Si sitúa con mucha frecuencia en el paradigma de la víctima. No confía en su capacidad para poder transformar las circunstancias.

4) ¿Oportunidades o problemas?

Los optimistas miran hacia los obstáculos como retos, mientras que los pesimistas ven los retos como obstáculos insalvables.

Los obstáculos, para los optimistas, son una vía excelente para ampliar su zona de confort y aprender. Los pesimistas, con los obstáculos reducen la zona de confort hasta llegar a hacerla asfixiante.

Y una quinta cosa muy curiosa…

Hay estudios que parecen indicar que las personas optimistas son crónicamente tardonas. Concretamente un estudio de la Universidad de San Diego así lo corrobora. Hay personas que llegan tarde de forma innata y esta circunstancia puede estar incrustada en lo más profundo de los lóbulos cerebrales.

El estudio relaciona la impuntualidad con el optimismo. Esto puede ser porque crean que pueden hacer más cosas en un tiempo limitado y son personas, en general, más relajadas.

¿Se puede pasar de ser pesimista a optimista o viceversa?

Costará más o menos, pero poderse se puede. Todos nuestros hábitos podemos cambiarlos. La cuestión está en que hay que dedicarle el tiempo y el esfuerzo suficientes. Y no siempre estamos dispuestos a desarrollar esa perseverancia que necesita un cambio de hábito tan importante como pasar del pesimismo al optimismo.

Sin embargo, los beneficios del optimismo son claros y realmente interesantes. ¿Por qué no probarlo?

About Carolina

Creo ciegamente en que la transformación personal conduce a la transformación organizacional. Creo que es posible un mundo mejor. Me encanta estar al lado de los demás cuando se convierten en la mejor versión de sí mismos. Coach experto en coaching comercial, habilidades de dirección y comunicación personal y organizacional. Soy entusiasta con el Social Media por las oportunidades que nos brinda y me uno totalmente al nuevo concepto naciente de "Human Media".

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